miércoles, 21 de octubre de 2009
Clase 14/10/2009
Clase: 14/10/2009
ROMANTICISMO EN CHILE
El romanticismo en Chile significa una época precisa; viene bien destacar que no debe confundirse con la actitud romántica, entendida como rebeldía, actitud contestataria, tendencia a romper con la racionalidad.
El romanticismo en Chile está ciertamente conectado con el movimiento de 1842, que marca la institucionalidad cultural y nacional, también con la fundación de la Universidad de Chile y la personalidad de Andrés Bello, de modo que se articula la ilustración y las ideas del pensamiento francés republicano. La tradición republicana se ejemplifica en uno de sus discípulos, a quien la tradición crítica considera que mostró mayor genialidad: José Victorino Lastarria.
Nuestro romanticismo tiene concordancia con las ideas iniciales de la independencia y la inspiración por la patria que de ello emerge. Lo que destaca en Chile es la incorporación de un estilo, nuevos medios expresivos; en otro nivel, comienza a emerger por primera vez en nuestro país la figura del “hombre de letras” o el “intelectual”, que da el pie a la profesionalización del escritor. Por lo mismo, comienzan a aparecer publicaciones. Existe la conciencia del sujeto ilustrado que tiene la capacidad de observar la cultura popular (el ejemplo más relevante es Jotabeche), que junto a otros motivos de inspiración como la libertad y el espíritu crítico para con los cambios sociales, articulan la fractura entre realidad y subjetividad propia del romanticismo latinoamericano.
Al margen:
-Para Hegel, el romanticismo significó el fin del arte, teniendo como paradigma el arte clásico
-Ortega y Gasset habla de “la deshumanización del arte”, ese nuevo arte que es en realidad la vanguardia, luego, no supo leer los cambios estéticos
-Rimbaud propuso cambiar el arte y la vida
El romanticismo en Chile implica considerar escritores y su producto. También posee una variante propia del eje romántico latinoamericano, distinta al romanticismo de Europa: la valoración de lo inmediato, lo nacional. Esto se explica porque Chile no tiene un pasado propio, es el momento (el ahora) en que se arman y proyectan las naciones y repúblicas, la cual emerge gracias a que existen leyes y ciudadanos, un estado, y lo más importante: una constitución.
La valoración de lo nacional se presenta como un país que nace, con escritores de sensibilidad romántica, quienes escriben influidos por los patrones habituales del romanticismo: Víctor Hugo, Lord Byron, Alfred Musset, Frederic Schiller, W. Goethe, entre otros. Algo más tarde se conocieron los escritores románticos españoles: Espronceda, Bécquer; que también siguieron una línea romántica algo diferenciada, según distintas épocas de sus vidas. En Chile (y en América) el romanticismo también fue político, se hace arquitectura y da forma a la ciudad, también a un estilo de vida; un ejemplo pueden ser los ateneos y las tertulias (grupos ilustrados, momentos de conversación en reuniones sociales). Un ejemplo pertinente de destacar conectado a la discusión sobre la nacionalidad: nuestro Himno Nacional fue escrito por el poeta romántico Eusebio Lillo.
Nuestro romanticismo nos lleva a la autonomización de la literatura. En poesía, Guillermo Matta, Guillermo Blest-Gana, Mercedes Marín del Solar, Rosario Orrego, Salvador Sanfuentes, Eusebio Lillo. Aún así, sucede que para esta época se comienza a valorar también la tradición de la poesía oral popular. En los libros de historia literaria se denominó esta tradición como “poesía repentista”, base de lo que después sería la Lira Popular. El poeta popular, denominado “payador”, ejecuta una improvisación -por eso lo de repentista-; un efecto de ello es que se introduce y consolida en Chile la décima espinel. Ocurre lo mismo que en toda Latinoamérica: la sobreposición entre poesía ilustrada y popular (recordar el Martín Fierro). La décima, junto a la cuarteta (que posteriormente será una forma estrófica propia de la cueca), proviene del romance español. Véase: Javier de la Rosa, Mulato Taguada, Francisco López, Clemente Morán.
Salvador Sanfuentes: uno de los grandes exponentes en poesía del romanticismo chileno; presenta la subjetivación de la experiencia ante la vida. Lo interesante de esta situación es que el autor es capaz de desarrollar un poema que excede los ideales románticos del momento. Él representa el oficio literario de un poeta, quien desarrolla un esquema poético en función de un tema (El Campanario). De alguna u otra forma, él sigue la línea de la poesía narrativa, cuyo origen remite a la poesía clásica (La Ilíada, La Odisea, La Araucana). Desmiente la idea del poeta romántico que escribe solamente “inspirado”, dada la extensión del texto y por los tópicos que desarrolla. La gracia de este autor es que crea una voz poética que asume una visión de la vida; no es solo un hablante lírico. Formalmente, la estructura de su poesía incorpora formas estróficas que tienen por cierto, regularidad, asimismo combina poesía y relato.
Al margen:
Para analizar métrica, veáse Quilis, Antonio: Manual de métrica española.
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